LaVie(ra)enRose

Extracto de “La Casa De Las Bellas Durmientes” de Yasunari Kawabata

Durante sus sesenta y siete años el viejo Eguchi había pasado noches ingratas con mujeres. De hecho, las noches ingratas eran las más difíciles de olvidar. Pero, ¿podía haber algo más desagradable que un viejo acostado durante toda la noche junto a una muchacha narcotizada, inconsciente? ¿No habría venido a esta casa buscando lo sumo en la fealdad de la vejez? La fealdad de la vejez le estaba acosando. No tenía intención de violar las desagradables y tristes restricciones impuestas a los otros viejos. No tenía intención de violarlas, y no lo haría. Aunque podía llamarse un club secreto, el número de sus ancianos miembros parecía reducido. Eguchi se encamino hacia la puerta de cedro.

-¡Ah!

Cerró la puerta con llave, dejó caer la cortina y miró a la muchacha. Ésta no fingía. Su respiración era la de un sueño profundo. Eguchi contuvo el aliento; era más hermosa de lo que había esperado. Y su belleza no constituía la única sorpresa. También era joven. Estaba acostada sobre el lado izquierdo, con el rostro vuelto hacia él. No podía ver su cuerpo, pero no debía de tener ni veinte años. Era como si otro corazón batiese sus alas en el pecho del anciano Eguchi.

-¿Estás dormida? ¿Vas a despertarte?

Tomó su mano y la sacudió. Sabía que ella no abriría los ojos.

— 8 months ago